La frecuencia cardiaca refleja el número de veces que el corazón se contrae, durante un periodo de tiempo, normalmente un minuto. Con cada latido el corazón bombea la sangre que se necesita para suministrar a todo el organismo el oxígeno y los nutrientes que necesita para funcionar correctamente.

En un adulto sano las pulsaciones en reposo oscilan entre 60 y 100 pulsaciones por minuto. Estas cifras van cambiando con la edad, cuando nacemos son más elevadas, luego van disminuyendo a partir del mes de vida, estabilizándose después de la infancia.

Generalmente una frecuencia cardiaca más baja en reposo implica una función cardiaca más eficiente y un mejor estado físico cardiovascular.

Aunque vemos que el rango de normalidad es amplio, un pulso demasiado bajo o elevado podría ser indicación de algún problema de salud. Por ese motivo en caso de que superemos los cien latidos por minuto en reposo, o si estamos por debajo de sesenta (a no ser que estemos tomando alguna medicación que lo pudiera provocar o hagamos deporte de manera regular), es conveniente consultar al médico.

Los factores que pueden aumentar las pulsaciones son: la temperatura, la humedad del aire, las emociones fuertes (sentirse muy feliz, angustiado, excitado, ansiedad…), la obesidad, el tabaco, el alcohol, la cafeína..)

Cuando practicamos deporte la frecuencia cardiaca se eleva, existe un límite que es la frecuencia cardiaca teórica máxima que es el número máximo de veces que el corazón debería latir por minuto, y que se calcula restando la edad de la persona a 220.

Para mantener una frecuencia cardiaca normal podemos llevar a cabo una serie de medidas:

      -Llevar un estilo de vida saludable, practicando ejercicio de forma regular.

      -Controlar la dieta y mantener un peso adecuado.

      -Reducir el estrés, una vida relajada nos bajará las pulsaciones.

      -No fumar, ya que el tabaco eleva la frecuencia cardiaca.