Los antibióticos son medicamentos que se utilizan para combatir las infecciones causadas por bacterias, son medicamentos muy importantes, pero su efecto puede disminuir si se hace un uso incorrecto de ellos.

El tomar antibióticos sin ser necesario, de forma irregular o en dosis incorrectas va a provocar que las bacterias se hagan resistentes a ellos, es decir que cuando nos infectemos por una bacteria, el antibiótico ya no tendrá efecto sobre ella y no se curará la infección.

El hecho de que se haga un uso inadecuado de los antibióticos no solo va a afectar a la persona que lo está tomando, ya que esas bacterias que se han hecho resistentes cuando contagien a otras personas serán más difíciles de combatir.

Cuando tomamos antibióticos estamos eliminando las bacterias patógenas pero también a nuestras bacterias beneficiosas facilitando de esta manera la aparición de infecciones oportunistas, como por ejemplo infecciones en la vagina, hongos en la boca, diarrea intestinal…

Para evitarlo es recomendable tomar probióticos junto con la toma de antibióticos.

Los antibióticos siempre serán prescritos por el médico y siempre hay que tomarlos siguiendo las indicaciones del médico en cuanto a la dosis, la posología y la duración del tratamiento.

Buscaremos el horario más adecuado para que nos sea más fácil poderlo cumplir, si el antibiótico es de una sola toma al día la haremos todos los días a la misma hora.

Y siempre terminaremos el tratamiento a pesar de que nos encontremos mejor.

 No recomendaremos antibióticos a otras personas.                                                                         

 Siempre que acabemos un tratamiento con antibióticos debemos de evitar guardar el sobrante en casa, siendo recomendable llevarlos a los contenedores SIGRE situados en las oficinas de farmacia.

 No hay que olvidar que los antibióticos no son eficaces contra resfriados ni gripes.